lunes, junio 29, 2009

Trabajar en domingo

El día de ayer fui a trabajar. Al igual que los toreros, los sacerdotes y los locutores, también trabajo los domingos. Por lo general debo ir cada quince días al Centro Nacional de las Artes, ese zoológico de edificios —algunos absurdos como el Auditorio Blas Galindo, otros, costosos por el mantenimiento como el Elote de Legorreta—, para verificar que desde el punto de vista técnico y logístico (qué rimbombante), una orquesta sinfónica (para la cual trabajo) realice su temporada de conciertos sin sobresaltos. Ayer fue la última función del ballet “La Fierecilla domada”, con la Compañía Nacional de Danza, en el Teatro de las Artes. Salí de mi casa en el edificio Ermita a eso de las cuatro de la tarde. En domingo por lo general llego al CENART en menos de veinte minutos, lo que me permite revisar que atriles, sillas, practicables y partituras estén en su lugar. También verifico que antes de iniciar la orquesta esté completa, porque si falta una tuba o el oboe no puede comenzarse.
----------Decía, pues, que salí de mi casa y como no había comido me detuve en el café Kowloon de avenida Revolución y pedí un sándwich de pollo, que acompañé con una vaso de agua de Jamaica. Terminé de comer a las 4:20. Tenía aún 40 minutos para llegar a la función de las cinco. Afuera del Kowloon tomé un taxi y le pedí que me llevara a Tlalpan y Churubusco. Para llegar al CENART desde mi casa hay dos rutas posibles: la primera es ir todo derecho por Revolución, dar vuelta a la derecha en Río Mixcoac, pasar Insurgentes y seguir derecho por Río Churubusco hasta pasar Tlalpan y salir por la lateral del CENART. La otra vía es dar vuelta en el Distribuidor Vial San Antonio a la izquierda y seguir por el Eje 6 Sur, luego Ángel Urraza hasta Tlalpan, de ahí todo derecho hasta tomar la salida a Río Churubusco y de nuevo salir por la lateral del CENART.
----------Me dio buena vibra que prácticamente abordé al taxi al salir del Kowloon. No me gusta llegar justo cuando faltan cinco minutos para que empiecen las funciones, pero ayer fue uno de esos días en que por más que uno se apure siempre se hace tarde. El taxi no demoró ni cinco minutos en llega hasta el nuevo puente que pasa por encima de Extremadura, a la altura del metro Mixcoac. Cruzamos Insurgentes sin ningún problema. Me puse a leer un libro sobre Asesinos (que más tarde comentaré en esta misma bodega de textos abandonados) con la conciencia tranquila, pues como iban las cosas, llegaría con más de veinte minutos de anticipación. Sin embargo algo en el aire me hizo despegar los ojos del libro para mirar con detenimiento en primer puente de Río Churubusco, el que pasa por encima de Avenida Universidad. A una distancia de unos trescientos metros observaba la subida del puente, mientras que empezábamos a avanzar a menor velocidad. No tardé mucho en descubrir que ningún vehículo tomaba el puente. Más adelante, un cordón policiaco impedía el acceso, y la lateral se atascaba de vehículos: Río Churubusco estaba cerrado. ¿Las razones? Lo ignoraba. Al pasar avenida Universidad, tuve la ilusión de que la siguiente entrada estuviera abierta. Nada. También estaba cerrada. Lo raro era que los carriles centrales de Churubusco estaban vacíos. El nuevo concreto hidráulico disfrutaba de un domingo tranquilo. Una llamada telefónica me previno: no se puede entrar a Río Churubusco. La única opción era tomar Tlalpan. Entonces el taxista tomó una calle de Coyoacán hasta Xicoténcatl. Luego, continuamos todo derecho, dejamos atrás División del Norte y pasamos afuera del ex-convento de Churubusco, donde el general Xicoténcatl dijo: “Si hubiera parque ustedes no estarían aquí”. Me sentí identificado con la derrota del general cuando creí recordar vagamente que Marcelo Ebrard había amenazado con inaugurar el “Circuito Bicentenario”, que, para mi desgracia, incluye Río Churubusco. Ebrard dijo con orgullo que la obra se terminó con dos meses de anticipación, aunque según las crónicas, toda la madrugada se estuvo trabajando para dar los últimos toques a la magna obra. Conforme pasen los días nos iremos enterando de trabajos inconclusos, baches o montones de cascajo que se irá llevando el viento.

----------El reloj marcaba diez para las cinco cuando el taxista dio vuelta en Calzada Taxqueña. En ese momento ya nada me importaba. Iba a llegar tarde pasara lo que pasara. Me consolaba pensar que no sería el único. Sobre avenida Miramontes el taxi dio vuelta hacia Río Churubusco. Antes de llegar al cruce, varios vehículos ya circulaba por Churubusco. Dimos vuelta en “U” para tomar Tlalpan hacia el norte. La entrada a Churubusco ya estaba abierta. Me bajé en la puerta Norte del CENART y corrí: Eran las cinco y diez de la tarde. No estaba mal. A lo lejos observé a mi jefe y al director de la orquesta. También estaban indignados por el cierre de Río Churubusco para que “el pueblo” caminara o saliera a dar la vuelta en bicicleta. ¿Se vale llevar a cabo estas acciones en una ciudad con más de 2 millones de vehículos? ¿Se vale, además, cerrar Reforma para desquiciar, incluso los domingos, el tránsito en la ciudad? La creencia de que estas medidas, que pretenden que la gente haga suyo el “espacio público”, solo afecta a aquellos que tiene coche es falsa. Se afecta a miles de personas. ¿Qué beneficio se obtiene la cerrar vías primarias en toda la ciudad? ¿Cuánta gente acude a estos ciclotones? ¿Piensa Ebrard que inaugurando pistas de hielo en diciembre, albercas y playas en Semana Santa llegará a la grande? Su comportamiento es de presidente municipal, no de jefe de gobierno. Inaugura un tramo de 42 kilómetros como si hubiera acabado con la inseguridad en la capital. Y además lanza amenazas que me dejan frío: "No sólo es para los automóviles, vamos a compartir este concreto hidráulico para peatones, para ciclistas, para familias, así lo haremos cada semana". Cada semana, en fin, ahora tendré que salir más temprano de mi casa para ir a trabajar los domingos. Los gobiernos de izquierda emanados de PRD han conseguido grandes cosas: cerrar avenidas importantes para que unos cuantos “caminen” por donde en teoría transitan los coches; cerrar “antros” temprano para que la gente no beba en exceso, prohibir la “hora del amigo”, criminalizar jóvenes (News Divine).
----------Soy en desencantado de la izquierda, eso es evidente. Ahora, el único consuelo que me queda es la seguridad de que pasa lo que pase, el PRD no ocupará jamás la presidencia de este país. Es una lástima, pues hacía ya tiempo que la izquierda, cualquiera que sea el día de hoy su significado, debió de gobernar este país irredento. Pero no podrán, porque ellos solos se cierran los caminos, como ayer hizo Ebrard al cerrar más de 30 kilómetros en toda la ciudad.
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sábado, junio 27, 2009

Policías

Además de peligroso y mal pagado, el oficio de policía no es bien visto por la sociedad. La estirpe de los uniformados también posee una categoría taxonómica en la que se agrupan, entre otros, bomberos, carteros, paramédicos, meseros (de restoranes finos), sirvientas (de casas ricas), y barrenderos. Los policías ocupan el último sitio de la clasificación general, al nivel de los animales necrófagos o carroñeros, sobre todo por su tendencia a completar la quincena con mordidas.

----------El cartero celebra su día recibiendo dinero de los vecinos a quienes sirve; el barrendero tiene la posibilidad de amueblar su casa cuando propietario o inquilino cambia el mobiliario; los bomberos, que se imponen con sobrada ventaja en las encuestas que califican el desempeño de los servidores públicos, cierran el desfile del 20 de noviembre. El policía, en cambio, celebra su día (19 de diciembre) en compañía de los suyos, los de su especie, en manada; le reconocen y premian sus iguales, nunca los ciudadanos a los que protege.

----------Cuando acude al auxilio de una llamada, se teme su actuación, pues puede estar coludido con los asaltantes o ser el mismísimo líder de la banda. En ocasiones, los policías sucumben al deseo de conservar evidencia criminal para sí mismos: hace unos días, tras el robo de una joyería en la ciudad de México, una cámara de seguridad grabó a un policía que, con linterna en mano, mientras verificaba que los ladrones no continuaran dentro del local, se guarda un anillo. Hoy el policía incauto descansa en la cárcel.

----------Los sonidos que caracterizan cada oficio, revelan el grado de respeto que se les tiene de acuerdo a las reacciones que provocan. La sirena del camión de bomberos no indigna. Ningún ciudadano duda de la veracidad del fuego al que se dirige el honorable cuerpo; algunos se santiguan al paso del camión cisterna: toda la gente desea que la escuadra vuelva completa y entera al cuartel. La campana de la basura puede ser molesta por su repiqueteo incansable y continuo, pero es preferible escucharla a las siete de la mañana que soportar el hedor de la basura descompuesta. El cartero acompaña sus repartos con un silbato, sonido al que se le asocia con la llegada de buenas noticias. Emparentado con los ángeles que conducen la buena nueva, al cartero jamás se le reclama el contenido adverso de una misiva: es un mero instrumento de los hados.

----------Cuando la patrulla de policía hace sonar su sirena la ciudadanía monta en cólera: “Puro cuento”, dicen; “Pinches payasos”, vociferan; “Ahí van esos perros”, sentencian. En este rubro, sólo las sirenas de las ambulancias les hacen la competencia en descrédito. Además de su pistola, guantes y macana, el policía de tránsito utiliza un silbato. Su sonido hiere a los automovilistas. Las florituras que cada oficial realiza para animar el tránsito y a sí mismo, por más compleja que sea su estructura armónica, a ojos de los miles de conductores no serán otra cosas que las invenciones de un paria de la sociedad, cercano al payaso de crucero o al tragafuegos.
El policía ha hecho de la mentada de madre la voz de su conciencia. A donde quiera que camine, la ofensa lo sigue, lo acecha. Cualquier acción que lleve a cabo, aunque beneficie a las mayorías, le valdrá la mentada de madre de las minorías que han visto la transición de las luces del semáforo del verde al rojo cinco veces sin avanzar ni un centímetro.

----------El uniforme del policía ha mutado más veces que cualquier especia en la tierra. Los cambios tienen por objeto mejorar su aspecto e imagen ante la sociedad, pero los resultados son nefastos. En los años setenta y parte de los ochenta, durante el reinado de Arturo “El Negro” Durazo, el uniforme del policía era de color azul cielo, un tono limpio que contrastaba con el reino de corrupción e impunidad que cientos de comandantes habían organizado según los dictados de “el Negro”. Al caer en desgracia el más célebre de los jefes policiales, el uniforme se volvió azul marino, con lo que la ciudadanía identificaba a sus protectores como “pitufos”.

----------Ya para los noventa, a modo de revival u onda retro, el policía volvió a usar su terno en colores ocres, como en los años cuarenta-cincuenta: camisola color tabaco, pantalón beige y quepí combinado con los colores anteriores. De nueva cuanta fueron bautizados como “tamarindos”. Bajo el sol abrasador del verano, los policías sudaban la gota gorda; en época de lluvias, los pantalones beige adquirían un tono más oscuro, similar al que provocan las micciones involuntarias. La combinación, además, hacía verse más gordos a los oficiales con sobrepeso, otra característica y, al parecer, requisito de admisión para ser policía.

----------En la actualidad el uniforme combina la camisola azul marino y pantalones gris oxford, y se ha dotado al quepí de una banda cuadriculada en blanco y negro, como un tablero de ajedrez, que recuerda a los policías de Londres, así como de un chaleco en verde fosforescente “para que resalten”.

----------Policías, cuicos, gendarmes, azules, tecolotes, policletos. De la forma como se les llame, serán siempre objeto de burlas, groserías, golpes y balazos. Oficio de mestizos, ser policía marca la diferencia entre morirse de hambre en el campo, entre maizales arrasados, o morir durante un cateo o refriega. De cualquiera de las dos formas, por su escaso nivel cultural y su estrecho criterio, son blancos fáciles para la sorna, la desobediencia o la pólvora. Basados en el código genético nazi-mexicano, ¿quién habría de hacerle caso a un policía prieto, chaparro y gordo que dice “haiga” o “fuistes”?
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jueves, junio 25, 2009

Michael Jackson (1958-2009)

Miembro destacado de la realeza musical, el segundo artista ungido como rey, vendió más discos que nadie, grabó el video más largo y famoso de la historia del pop, bailó miles de kilómetros en centenares de escenarios en todo el mundo, impuso moda y estilo, compró el catálogo de los Beatles, se casó con la hija del primer rey, enamoró menores de edad y se dio el lujo de combinar calcetines blancos con mocasines negros y nadie, nunca, lo tildó de naco.
Eso es trascendencia.

miércoles, junio 24, 2009

La triste historia del Arco que no fue

Erase una vez, en un país que iba a celebrar dos fiestas, una por los doscientos años del inicio de la gesta histórica conocida como Independencia y cien años de la gesta histórica conocida como Revolución, que un comité se reunió a fin de dejar testimonio fehaciente de ambos acontecimientos para las generaciones futuras. “Gran ventaja hay…”, dijo el notable Uno, “…en que este pueblo decida cada cien años erigirse en cuerpo de guerra y acabe con sus tiranos a fin de instalar otros, puesto que, de esa forma, puede gastarse en una sola fiesta, diciendo que es por las dos”. “Es verdad lo que apuntas…”, contestó el notable Dos, “…que en esto hay ventajas económicas. No se sabe de ningún otro pueblo civilizado que con tanta precisión y puntualidad haya agendado con diferencia de cien años tan importantes fechas de su historia”. “Bueno, ¿y de qué manera habremos de celebrar tal visión a largo plazo?” preguntó el notable Tres ajustándose las gafas. “Porque hay que celebrarlo, ¿que no?”, remató. Los notables Uno y Dos movieron afirmativamente sus calvas cabezas y propusieron retirarse a sus aposentos a fin de pensar en el plazo de una semana, la mejor manera de inmortalizar la celebración que valía por dos.

-------Al término del plazo volvieron a reunirse, y durante largas horas expusieron sus ideas vehementemente, con la firme convicción de convencer a los otros dos de las bondades y beneficios de sus propuestas. Las horas pasaron y no lograban acuerdo alguno por las divergentes opiniones que sobre fiestas los tres poseían. Agotados ya por la fiereza de sus argumentos y la facilidad con que entre sí desbarataban sus argumentos, y viendo que ninguno daría su brazo a torcer, llegaron a la conclusión de que hasta para hacer fiestas era complicado ponerse de acuerdo. “Para ya no pelear utilicemos el trillado recurso del monumento, que por definición es obra arquitectónica que bien dispuesta y construida dura mucho y todos la ven”, dijo el notable Uno. “En verdad que tienes toda la boca llena de razón, que un monumento luce mucho y se ve bonito”, dijo el notable Dos. “Creo que hemos llegado a un acuerdo, mis amigos…”, dijo el notable Tres, “…y no hay monumento más bonito que un arco para celebrar”. “Construyamos, pues, un arco…”, dijo el notable Uno, “…que tienes razón cuando dices que el arco, por su sólida constitución es hermoso, y además porque en su construcción se conjunta el aprendizaje del hombre y el dominio de la gravedad”. Los tres notable se dieron la mano y un abrazo. Días después, redactaron una clara convocatoria en la que podía leerse que para conmemorar las dos fiestas que se avecinaban, se edificaría un único monumento para las dos, en un sitio que quedaba determinado gracias al buen número de monumentos que ya poseía, sin tomar en cuenta otros lugares que debido a la carencia de esta clase de edificaciones se hallaban en terrible situación.

-------Este hecho pareció no importarle mucho al trío de notables, quienes, en cambio, tomaron la decisión de invitar a aquellos que a su juicio podrían diseñar bellos arcos. Una vez compuesto el claustro de selectos arquitectos, los elegidos se encerraron cuarenta días y cuarenta noches analizando, proponiendo, esbozando, contemplando, desechando; analizando, proponiendo, esbozando, contemplando, desechando, así hasta llegar al resultado final de sus meditaciones y desvelos. La mayoría quedaron conformes con su trabajo, y descansaron satisfechos a la espera del fallo. Los notables, instruidos por otros menos notables pero hábiles en las artes de la arquitectura, observaron los trabajos y propuestas durante varias jornadas. Si bien no se desvelaron como los sufridos arquitectos que deshojaban el calendario a la espera del juicio final, se tomaron su tiempo para decidir.

---------Durante sus recorridos entre planos, maquetas y animaciones, contemplaron horrorizados que había arcos, arquitos, arcotes y un anillo; estanques que no habían pedido, tótems disparejos, cubos ahuecados, puentes peatonales. A pesar de todo, tomaron una difícil decisión. El día en que habían de dar a conocer al galardonado convocaron a la prensa, montaron un estrado, dispusieron de sillas, meseros y bebidas y se colocaron detrás de un atril. Abrieron un sobre entre los tres y el fallo resultó ofensivo para la mayoría de los sufridos arquitectos, para quienes el bono de varios miles de pesos resultó insuficiente para sus nunca sosegados egos. “La propuesta ganadora es el mejor monumento para la fiesta que celebrará dos acontecimientos”, dijo muy serio el notable Uno. “Las demás propuestas no nos convencen, aunque sean arcos”, dijo el notable Dos. “Por esa razón elegimos el monumento que no es arco, sino dos placas, porque de esa manera resolvemos el problema de construir un monumento para dos fiestas que es una: la placa uno será para la fiesta de Independencia y la placa dos para la Revolución", sentenció el notable Tres.

-------Así, los tres notables quedaron satisfechos con su fallo, a pesar de las airadas protestas de los que pensaron en arcos. Lo único que les quita un poco el sueño es la posibilidad de que al cumplirse los doscientos años de la primera fiesta y los cien de la segunda, el avanzado pueblo que cada centuria se erige en cuerpo de guerra añada una celebración más a las otras dos, lo cual, viéndolo bien, no importunaría la construcción del monumento que no es arco sino dos placas. Económicamente resultará más viable añadirle una tercera placa, resultando un solo monumento que conmemore tres fiestas y así sucesivamente, ad infiníutm.
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Para ver las 35 propuestas favor de visitar:
http://noticias.arquired.com.mx/shwArt.ared?idArt=99
Imagen tomada de:

martes, junio 23, 2009

Juanito 2009

Si algo debemos a las costosas campañas electorales es que nos permiten conocer a personalidades del show político, que en otros contextos pasarían desapercibidas. Es el caso de Juanito, candidato del Partido del Trabajo (PT) por la delegación Iztapalapa. Su efímera fama se debe a que hace unos días, López Obrador encontró el mecanismo para hacer que Clara Brugada, candidata del PRD por la misma delegación, aspire al triunfo luego de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) le quitara la candidatura por irregularidades cometidas durante la votación interna del PRD para elegir candidato. El Peje, cobijado por una asamblea que aprobó su propuesta cuasi salomónica —y de la que ignoramos el número de miembros—, pidió a la gente de Iztapalapa que no voten por Clara Brugada (ocurre que las boletas para la elección del 5 de julio ya se han impreso), porque si lo hacen la ganadora será Silvia Oliva, la impugnadora. En vez de votar por el PRD ha sugerido que lo hagan por Juanito, quien de resultar triunfador renunciará al cargo a favor de Clara Brugada. Marcelo Ebrard, a su vez, aceptará la renuncia y sugerirá a la Asamblea de Representantes del Distrito Federal que aprueben el nombramiento de Clara Brugada. Este galimatías es digno de una buena comedia de enredos protagonizada por Cantinflas o Tin-Tan porque ofrece varias situaciones absurdas:

El Peje, miembro del PRD, pide que en Iztapalapa no se vote por Clara Brugada (PRD) porque a pesar de que en las boletas aparecen su rosto y su nombre, los votos serán para Silvia Oliva (PRD); en lugar de eso hay que votar por Juanito (PT), que antes era militante del PRD, quien en caso de ganar renunciará a favor de Clara Brugada (PRD). ¿Queda claro?

Juanito no se llama así: responde al nombre de Rafael Acosta, apelativo más bien nimio, pero le apodan Juanito porque en su juventud dirigía un equipo infantil de futbol bautizado como “Los Juanitos”. Habrá que esperar los resultados del próximo 5 de julio para saber si Juanito es capaz de hacer la “hombrada”, o si el PRD perderá su bastión político más importante, la demarcación más grande y poblada del D.F.

En lo personal creo que no ganará debido al sino de los Juanes, que se define por haber participado en algún momento o instante histórico, de manera absurda, chusca o accidental, y que otorga cierta fama duradera o warholiana:


1. Juanito Farías (cantante infantil): Apodado el “Campeón sin corona” (sobrenombre que remite a Rodolfo “el Chango” Casanova, otro gran ilustre perdedor nacional). Este muchacho, a pesar de ser favorito para ganar el festival “Juguemos a Cantar”, organizado por Televisa en los años ochenta, se quedó en la “orillita”, “no ganó por un pelito” pero “cayó con la frente en alto”. Ha dejado para la posteridad la pieza “Caballo de palo”, canción de toque navideño-nostálgico (emparentada con Triste Navidad, de Rigo Tovar) sobre cómo se vive la navidad en medio de la pobreza urbana.

2. Juan Bautista Pascacio Escutia y Martínez, conocido como Juan Escutia (héroe mitológico nacional). Joven cadete “agregado” del Colegio Militar que combatió a las tropas estadunidenses en el Castillo de Chapultepec durante la Invasión de 1847. Ha dejado para la posteridad una de los más grandes relatos de la historia oficial, al mismo nivel que el “Pípila” y el “Niño Artillero”: al verse copado por el numeroso invasor, se arropó con el lábaro patrio y se lanzó al vacío, para que la insignia tricolor no cayera en manos del enemigo (nadie le avisó que los gringos no querían la bandera, sino la mitad del territorio nacional). Vendió cara su derrota.

3. Juan José de los Reyes Martínez Amaro (héroe mitológico nacional). Mejor conocido como “El Pípila”, a Juan José se le debe una interpretación muy a la mexicana de los carros blindados ideados por Leonardo D’Vinci, que en el siglo XX llegarían a conocerse como tanques de guerra. Su anhelo de libertad le hizo soportar sobre su espalda una pesada losa de piedra que lo protegió de la tenaz lluvia de balas y pedradas que los gachupines le lanzaron, desde la inexpugnable Alhóndiga de Granaditas, la versión novohispana de la Bastilla. Ha dejado para la posteridad un expresivo ejemplo de los alcances en materia de improvisación y de obtención de resultados cuando se trabaja bajo presión.

4. Juanito 70 (mascota nacional). Imagen de la modernidad mexicana de los años setenta. Vestido con el uniforme tricolor y ataviado con un pesado sombrero de charro, Juanito 70 cambió para siempre el arquetipo mexicano del sombrerudo cubierto con un sarape descansando sobre un nopal.
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Solicitamos a los escasos lectores del presente blog, que nos manden otros Juanitos como los enumerados anteriormente.
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Juanito Farías fue tomado de: http://i.ytimg.com/vi/wWlGUKjEeU4/2.jpg

viernes, junio 19, 2009

Días de otoño revisited


Para quienes no hayan visto esta gran película mexicana de 1962, estelarizada por Pina Pellicer, —actriz mexicana que se suicidó por razones desconocidas y cuya memoria ha caído en el olvido—, e Ignacio López Tarso, la historia es la siguiente: Luisa (Pellicer) es una chica pueblerina que llega a la ciudad y es contratada en una pastelería que administra don Albino (López Tarso). Al advertir el interés que despierta en éste último, Luisa revela de buenas a primeras que está a punto de casarse con Carlos, un chofer que trabaja en una casa rica. Lo curioso es que hasta ese momento nos enteramos que el corazón de Luisa tiene dueño. Don Albino, un viudo joven con hijos, no tiene más remedio que aceptar las cosas y seguir contemplando todos los días a Luisa, quien desde ese momento inicia una carrera onírica imparable: luego de ser dejada vestida y alborotada en el altar (Carlos en realidad está casado y Luisa fue su detalle), no puede permitirse ser el hazmerreír de sus conocidos ni aceptar su cruel destino.

Entonces inventa que se ha casado con Carlos, se retrata vestida de novia, paga un fotomontaje para aparecer feliz junto a su marido y desaparece por unos días bajo el pretexto de la luna de miel en Veracruz. Tiempo después, cada vez que sus compañeras de la pastelería le preguntan por Carlos, ella les responde que ha salido de viaje con sus patrones. A tal grado llegan sus cuentos que se "embaraza" colocándose cojines en el vientre. Cuando llega la hora del nacimiento, Luisa se marcha a Monterrey para tener al niño. Un buen día regresa al trabajo, sus compañeras desean conocer al retoño, pero Luisa se las arregla para que esto nunca ocurra.

En una escena memorable, Luisa le pide a un caricaturista callejero que le dibuje a su “hijo”, basándose en otros modelos o retratos que cuelgan de un hilacho. Con el retrato a carboncillo, Luisa se lo muestra a sus compañeras, quienes admiran la simpatía del niño y le preguntan cuándo habrán de conocerlo por fin, pero ella contesta que su marido se lo ha llevado a Monterrey, con sus abuelos. Al final, Luisa, quien ya no distingue la realidad de la fantasía, "mata" a Carlos por tenerla “tan abandonada” (arroja el retrato de bodas apócrifo al suelo), y como ya no puede seguir sosteniendo el tinglado, luego de ser encarada por don Albino quien descubre que miente respecto a algunas situaciones (detalle ambiguo en la película), decide dejarse de cuentos y afrontar la realidad. Esa noche, tras reunir la ropa y los juguetes de su "hijo" dentro de un moisés, Luisa los deposita en la entrada de una casa cuna. Mientras se aleja en la oscuridad, sonriendo, piensa: “No acabará la esperanza”.

La película está basada en un cuento de Bruno Traven titulado "Frustration", dirigida por Roberto Gavaldón, quien también filmó Macario (1959), otra historia de Traven, estelariza por la dupla Pellicer-López Tarso.

Esta grosera sinopsis cinematográfica, escrita casi de memoria pues la película no se encuentra a la venta (quizá los piratas la atesoren, pero prefiero no preguntarles), y hace mucho que no la pasan en De película, viene a cuento por el rapto de un bebé del hospital General de la Ciudad de México. El desenlace, por fortuna, le da brillo a la policía capitalina por unos días, hace feliz a la madre de la niña y a la sociedad en general, que se escandaliza con este tipo de delitos.

Las investigaciones revelan que los raptores, Eleonor Marín, empleada del mismo hospital, y su marido, Arturo Calderón, ante la imposibilidad de tener hijos inventaron a sus familiares que ella estaba embarazada y que daría a luz a mediados de julio. La pista que llevó a su captura fue un teléfono celular olvidado por la raptora en el Hospital General, y en el que fue hallado un video donde la seudo-madre aparece recostada sobre una cama y muestra la panza siguiendo las instrucciones de su marido, quien dice que el video lo está tomando para mostrárselo al bebé cuando crezca y darle certeza de que estuvo en el vientre de Eleonor.

La película de Gavaldón muestra a una Isabel a quien la soledad, el abandono y el engaño de un hombre, la orillan a montar una mascarada patética que termina devorándola. La vida real siempre es más cruda e incluso podríamos afirmar que se nutre de la ficción. ¿Qué hace que una pareja, ante la imposibilidad de la concepción, invente un embarazo y planee robar un bebé? Para darle mayor realismo al seudo-embarazo, Eleonor Marín se dejó engordar, y había acondicionado una recámara para su hijo. ¿Locura o crimen? De haber actuado sola podría deducirse algún padecimiento mental derivado de la infertilidad y del deseo enfermizo de concebir, pero al hacerlo en complicidad con su marido la cosa cambia. ¿Se trata de dos personas que enloquecieron por ser infértiles? ¿El deseo de una persona puede ser tan fuerte y volverse una patología contagiosa que envuelve al otro? Del caso aún faltan cosas por esclarecer, como el resto del plan de los plagiarios, quienes se habían refugiado en un hotel de paso de la avenida Zaragoza. ¿En qué hospital se atendería Eleonora para tener al “niño”? ¿Viajarían a Monterrey como en Días de otoño? ¿Falsificarían documentos para mostrarlos a sus familiares como prueba contundente de su paternidad?

Las noticias en los medios no ahondarán más en el caso de Eleonor y Arturo para conocer su condición sicológica o los mecanismo internos que los hicieron actuar así. Más tarde o más temprano algún otro delito o matazón nos hará olvidar que el crimen que los unió para tener un hijo, los separará cuando sean llevados a cárceles distintas.

p.d.
Para los curiosos, Días de otoño puede verse completa en youtube: http://www.youtube.com/watch?v=s-jotE4Vvik&NR=1

viernes, marzo 27, 2009

Manu Chao

Ambiguo como su nacionalidad, Manu Chao es un "músico-compositor" de padre francés y madre vasca, cuya producción discográfica en solitario se compone de seis discos que se hubieran podido reunir en uno solo (de 128 canciones), dado que su estructura, letras y ritmo son muy similares, lo que evidencia dos cosas: 1) Que en toda su carrera jamás ha tomado clases de solfeo, armonía o composición, o 2) Halló la fórmula mágica para producir sin esforzarse. Me inclino por una mezcla 50/50 de ambas conjeturas.

Símbolo de la Generación Globalifóbica, Manu Chao ha sabido explotar como nadie el vacío ideológico de miles de jóvenes y adultos, aglutinados en la Generación de la Crisis, periodo que abarca desde finales de los setenta hasta el día de hoy. A falta de ideas y propuestas serias para "combatir la perniciosa globalización" (los globalifóbicos usan computadoras portátiles, teléfonos celulares, internet), Manu Chao llena el hueco, se lanza a escribir y cantar sus letras de denuncia contra el abuso a los migrantes, la legalización de la marihuana o sobre lo glorioso que sería el mundo si fuera gobernado por los zapatistas del alicaido sub-Marcos. Los mensajes de sus canciones, estribillos fáciles para silbar o tararear, calan hondo lo mismo a los chicos emos del CCH que a los rudos comunicólogos de la Ibero. Manu Chao es ideología a la medida, construida con enunciados rupestres (revisar la letra de Welcome to Tijuana), y lugares comunes, que al cantarse en inglés-español-francés adquieren, por arte magia, universalidad. En el fondo, no es más que un recurso para vender más discos en más países, no en balde los discos más famosos del cantautor están editados por la poderosa Virgin records.

"La resignación es un suicidio permanente" se lee en la página de internet del autor de "Clandestino". La frase, digna del discurso optimista de Miguel Ángel Cornejo, destila un tufillo guevarista que me remite a "Morir de pie o vivir de rodillas" (sobre esta frase hay mucha controversia sobre quién la dijo primero, pero para el caso es igual) y no puedo dejar de pensar en Cuba, el "territorio libre de América".

Se dice que debido a que Manu Chao habló sobre el caso Atenco aprovechando que está en Guadalajara (tierra de la más recalcitrante intolerancia religiosa, racial y social en México), próximamente será expulsado del país. Hablar sobre la represión contra los "macheteros" es como pegarle a una borracha. A él le conviene que se arme el escándalo. Hay que imaginar las planas de los periódicos exponiendo la foto de Manu Chao flanqueado por agentes del Instituto Nacional de Migración siendo conducido a un avión con destino a quién sabe dónde. Habrá alguna protesta en la UNAM, el gobierno de la ciudad de México develará una placa en el Metro para desagraviar al vocero de las minorías (junto a la de Rockdrigo en la estación Balderas) y en el Foro Alicia se llevará a cabo un seminario para denunciar la represión en contra de los artistas que se oponen y denuncian los crímenes del terrible sistema capitalista (gracias al cual Manu Chao se ha hecho rico.

Sin ánimos patrioteros, me da igual que Manu Chao hable de lo que sea, pues sus argumentos no serán más que lugares comunes. Espero que lo expulsen y que deje de vender producutos envueltos con ideología de muy mala calidad.

jueves, febrero 05, 2009

Día de tres conmemoraciones



El día de hoy, el calendario oficial celebra la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (1917). Además, la Monumental Plaza de Toros México cumple 63 años de haber sido inaugura por Manuel Rodríguez "Manolete", Luis Castro "El Soldado" y Luis Procuna "El Berrendito de San Juan". Por si esto no fuera suficiente hoy se conmemora el fallecimiento del luchador más emblemático de México: Santo, el Enmascarado de Plata. Tras haber luchado por última vez en el hoy desaparecido Toreo de Cuatro Caminos, Rodolfo Guzmán Huerta fallece de un infarto al corazón. Es célebre el video donde, en un programa de Jacobo Zabludovsky, El Santo se quita parcialmente la máscara, mostrando una parte de su rostro por primera vez. Como icono popular, el Santo ha conformado junto a la Virgen de Guadalupe y Pedro Infante la santísma trinidad mexicana.
En sus películas, catalogadas en Francia como cine surrealista, el Santo enfrentó conjuras internacionales, asesinos, monstruos, nazis, lobas, extraterrestres, vampiros y a las célebres momias de Guanajuato. A diferencia del Hombre Araña o Súperman, el Santo, el único superhéroe mexicano, existía en realidad, era de carne y hueso, hecho que a los gringos les causaba corto circuito.

Es recomendable rentar "Santo en el Museo de Cera", una de sus mejores películas, o la inolvidable "Santo contra las Momias de Guanajuato".

Imagen tomada de: http://knigthrider.spaces.live.com/blog/cns!E0FC8083D210DE97!720.entry

sábado, octubre 04, 2008

Janis Joplin - Get it while you can

Janis Joplin


Esta Bodega de textos abandonados conmemora el aniversario luctuoso de Janis Joplin. Hace 38 años, el 4 de octubre de 1970, una sobredosis de heroína mal cortada la mató, sin que pudiera ver el éxito de su último disco titulado Pearl, quizá el mejor de su carrera. Habrá quienes consideren que solamente berreaba; otros encontrarán en sus canciones el mejor pretexto para sentirse tristes en una noche lluviosa, o bien, para aquellos que juegan a hacerle al solitario será su mejor remedio, pues está mujer salía al escenario y hacía el amor con cinco mil personas. Luego, regresaba a casa, sola.

martes, septiembre 16, 2008

Richard Wright

Con la muerte de Richad Wright, tecladista de una de las más grandes, importantes e influyentes bandas de rock de todos los tiempos, al menos tres generaciones hemos perdido la esperanza de ver de nuevo en vivo a Pink Floyd, de la misma forma en que jamás veremos juntos a los Beatles, o a los doce apóstoles + Jesús, sentados en torno a la mesa de una taberna.

La muerte de Wright arroja un saldo a su favor: vivió para crear junto con el resto de sus compañeros, álbumes como The Wall (donde participó como músico extra, contratado con salario fijo, debido a las constantes desaveniencias con Roger Waters), y The Dark side of the moon, disco emblemático de la banda, y uno de los mejores discos de todos los tiempos, y que ocupa el puesto número 11 del conteo The Reader´s 100 de la revista Rolling Stone (17 de octubre de 2002).

Si bien ni poseía la notoriedad o el carisma de Roger Waters o David Gilmour, Richard Wright, sentado detrás de los teclados, consiguió dotar al sonido de Pink Floyd de la elegancia y limpieza de la música sinfónica, combinada con la destreza del jazz, aunque no dejó de experimentar con las nuevas posibilidades que la tecnología le permitió con el paso de los años.

Vale la pena escuchar con atención piezas como Brain Damage, Us and them o Eclipse, por sólo mencionar canciones del Dark side... para darse cuenta del talento y de la aportación de Richard Wright al sonido de Pink Floyd.
Cuando se reunieron por última vez durante el concierto de Live 8, el 2 de julio de 2005, se tenía la esperanza de que las asperezas se limarían con una lija de varios millones de dólares, pero, ahora sabemos que será imposible. La grandeza de los grupos de rock se mide por el respeto que guardan a la decisión de separarse para siempre, ya sea por pleitos internos o debido a la muerte de uno o más integrantes (Los Beatles y Led Zeppelin, respectivamente). Aunque Pink Floyd se reunió por una "causa justa", no se les puede reprochar si acaso aceptaron algún dinero para soportarse diez minutos arriba del escenario. Al fin y al cabo, lo importante fue haberlos visto, ahora ya lo sabemos, por última vez.

sábado, julio 12, 2008

Take me out to the ball game.

Sorprende que la famosa catedral del beisbol en pocos días se convierta en un inmenso terreno polvoso, a merced de los voraces especuladores inmobiliarios, quienes seguramente ya le han echado el ojo al viejo estadio inaugurado en 1923 y remodelado en 1973.
La idea no era nueva. Desde hace muchos años George Steinbrenner, dueño de los Mulos de Manhattan, soñaba con demoler el viejo estadio y llevarlo a un mejor barrio que el tepiteño Bronx, aunque el gran impulso que se le ha dado a tan temido sector, sobre todo tras la política de cero tolerancia de Rudolph Giuliani, transformará su imagen y fama en los próximos años.
La concepción gringa de que lo viejo debe derrumbarse o de que aquellos enseres domésticos que cumplen un año hay que tirarlos al tambo de la basura aunque les baste una limpiadita para quedar como nuevos (mentalidad mexicana), prevaleció finalmente. Supongo que el nuevo estadio será un complejo centro comercial con hotel, casino, zonas de comida, áreas de descanso y recreación, y un campo de beisbol, aunque las fotos del nuevo proyecto más bien reflejan la intención de que el nuevo parque luzca antiguo. De una manera escenográfica se ha querido imitar el carácter clásico de la antigua fachada. Muy lejos quedan los arquitectos e ingenieros norteamericanos de arriesgarse en la búsqueda de nuevas propuestas, como las de Herzog & De Meuron o incluso las soluciones hi-tech de Calatrava o de Norman Foster.
La paradoja es relevante sobre el utilitarismo norteamericano y su sed por lo nuevo, mientras habitan en casas de la pradera en suburbios concebidos en el siglo XIX. El deporte nacional por excelencia de los Estados Unidos parece decidido a anclar sus nuevos estadios en la evocación de los años dorados del beisbol, donde los escándalos frecuentes se debían al alcoholismo de su estrellas ­­­—que les permitía, incluso, disparar cuadrangulares de fábula, batir récords y convertirse así en héroes casi míticos—, y no por la presunción o demostración del uso de esteroides para mejorar el rendimiento y apoderarse de marcas insuperables.

Como quiera que sea, los Yanquis seguirán perteneciendo al Bronx. El arraigo al barrio es fundamental para la sobrevivencia de cualquier equipo. En la liga mexicana dicho factor no ha sido suficiente para impedir que los equipos capitalinos dejen sus estadios (los Tigres se han ido a Quintana Roo y los Diablos Rojos dejaron de ser los Bombarderos de la Narvarte para mudarse a… a… ¿en qué colonia está el Foro Sol?).
Si Babe Ruth construyó el mítico Yankee Stadium, ¿tendrá autor moral el nuevo parque de beisbol?

martes, abril 01, 2008

Instrucciones para entrar rápido a "Ashes and snow"


1. Diríjase a un asilo de ancianos.

2. Elija al anciano que más le agrade

3. Observe que su compañía no sea molesta

4. Asegúrese de que camine sin problemas

5. Consiga una sillla de ruedas

6. Monte al anciano en la silla

7. Llegue al zócalo

8. Dirígase directamente a la entrada

9. Observe la exposición

10. No olvide al anciano por más que lo excite la exposición (por eso debe caminar bien, por si debe regresar solo).

lunes, febrero 04, 2008

Encuentro del FONCA en Aguascalientes

Amigas y amigos:
Como saben, el próximo jueves inicia el Encuentro de Jóvenes Creadores del FONCA en la ciudad de Aguascalientes. Quiero mostrarles el material que expondré durante mi presentación en sociedad (artística). No quería llegar con un papel redactado en al autobús, ni improvisar frases como "novela ferozmente contemporánea" o "desfiladero lingüistico" (Maese Noé dixit), por lo que aprovechado la celebración de nuestra moderna e inquebrantable Constitución, me di a la tarea de crear un breve video, que resume los ejes principales de la nueva novela que estoy escribiendo: alquimia, pink floyd, brujería y música kitsch mexicana.
Nueva Tabla Esmeralda es el título que hasta ahora engloba los alcances de este mosaico abigarrado. No sé si sea literatura. Al final eso no me interesa; lo que busco es contar historias y hacerlo bien.
Ojalá les guste.
jorge

miércoles, enero 16, 2008

El Nivel

A pesar de que no soy un bebedor ocasional ni promedio, esta bodega de textos abandonados no puede dejar de escribir algo, aunque sea un abrevadero de lugares comunes, acerca del cierre de la cantina El Nivel, uno de esos lugares que al perderse implican la pérdida de la memoria urbana e histórica, así como la referencia de las formas o modelos de convivencia de una sociedad determinada. Su pecado: ocupar el edificio que albergó la primera sede de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Los leguleyos de la "Máxima casa de estudios" encontraron algún mecanismo en los meandros del derecho para cerrar de por vida El Nivel, lo que me hace pensar varias cosas: ¿por qué estos brillantes abogados no han podido recuperar las decenas de aulas o el Auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de las manos de las dos ¿o son tres? personas que integran del CGH (Consejo General de Huelga) desde 1999? Al parecer, dentro del propio campus de la UNAM puede tomarse lo que sea, quemar la puerta de rectoría o provocar pleitos en los partidos de los Pumas. El resultado: cero detenidos o desalojados. ¿Y El Nivel? Cerrado, pues está ubicado en la sacrosanta construcción de la primera sede universitaria. Vale la pena mencionar que C.U. es una isla rodeada de cantinuchas disfrazadas de loncherías.
La UNAM es la responsable del cuidado de decenas de edificios históricos, pero sus abogados cierran para siempre un lugar de reunión, histórico por exhibir la licencia número 1 que se expidió en la ciudad de México para vender alcohol. Hoy, a Marcelo Ebrard el INAH lo acusa de destruir edificios construidos antes del siglo XX en el centro de la ciudad. Edificios que nadie recuerda: ¿alguien acusará a la UNAM de destruir la memoria urbana de esta ciudad?


Fotografia propiedad de Mon.photo.com copyright 2006

Sobre el cierre de la cantina "El Nivel"

A pesar de que no soy un bebedor ocasional o promedio siquiera, el repentino cierre de la famosa cantina El Nivel merece un comentario en esta pobre bodega de textos abadonados. Según escuché esta mañana en las noticias, la cantina con la licencia número uno expedida en la ciudad de México para la venta de alcohol, acaba de cerrar sus puertas para siempre debido a que le tocó la de malas al estar ubicada en el antiguo edificio que albergó a la Universidad Nacional Autónoma de México. Las disposiciones jurídicas son un meandro difícil de sortear: los leguleyos de la UNAM lo saben bien, así que es probabe que hayan dispuesto de métodos infalibles para cortar de tajo con una de esas partes de la ciudad que son historia pura. ¿Importa que ahí debajo, en la sacrosanta edificación de la primera sede la UNAM exista una cantina? ¿No es la Ciudad Universitaria un espacio rodeado de cantinuchas disfrazadas de loncherías? Me extraña que las autoridades de la UNAM no hayan actuado de la misma forma con las personas que mantuvieron o aún mantienen, no lo sé con exactitud, tomados decenas de salones y el Auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras. Eso sí atenta con la cacareada autonomía universitaria, no una cantina histórica, punto de reunión y encuentro de varias generaciones.

Ojalá que se organice una marcha para impedir este atropello; cosas peores le han pasado a la UNAM.

jueves, enero 10, 2008

Quince primaveras

A Rafael Toriz, con afecto y pura piel.


“Quince años, quince añotes, Kikis, y parece que fue ayer cuando, cual botón de rosa brotaste…” le dice el Santos a la Kikis Corcuera durante su presentación en sociedad, en una fiesta “fina”, donde la prohibición a la salsa queda abolida cuando la festejada termina seducida por las notas de la música y el ritmo del Peyote Asesino. Si bien el cartón no explota al máximo los lugares comunes y el mal gusto de las fiestas de quince años, el discurso del Santos es una exposición de lo barroco, chocante y melifluo que puede llegar a ser un padre de familia cuando toma el micrófono y presenta a su hija a la sociedad (que, curiosamente, se compone de los familiares y amigos de la quinceañera, es decir, no se le presenta ante desconocidos).

El dinero que se invierta en la celebración bien podría destinarse a un fideicomiso para la universidad de la festejada o para llevarla de viaje fuera del país. Sin embargo, la tradición se impone, aunque cada vez más en desuso, sobre todo en estratos sociales altos, que prefieren centros nocturnos de moda, aun y cuando el volumen de la música imposibilite la capacidad de diálogo.

Sin lugar a dudas, las fiestas de quince años con chambelanes, pastel de tres pisos y escalinatas de cartón, valses —adicionadas con bailes modernos que van desde el rock’n’roll pasando por el chachachá y rematando con raeggeton—, forman parte de la cultura mexicana. La fiesta tiene su origen, se rumora, en las tradiciones aztecas. Las muchachas que estaban en edad de tener más responsabilidades en el hogar eran presentadas en el barrio. Desde ese momento se preparaban para el martirologio del matrimonio. La costumbre no terminó con la conquista española, y con Carlota y Maximiliano, ya en el siglo XIX, se incorporó la figura del primer baile, costumbre de las cortes europeas que consistía en una presentación ante la sociedad de una linda jovencita que por primera vez “movía el bote”.

Si bien los usos prácticamente no han cambiado, en algunas ocasiones se puede atestiguar que, además de reafirmar que la niña se ha convertido en mujer, se lleva a cabo el acto de la “coronación”. Este consiste en que mientras la festejada baila, un grupo de “notables” (mujeres con alguna gracia o alta calificación moral dentro de la familia) le colocan una corona de plástico y un cetro, aunque no le indican a quienes habrá de llamar plebeyos.

Las palabras del padre de familia son un compendio de lugares comunes donde todos los recuerdos, por más penosos que sean, se exhiben sin decoro. Con la multitud en silencio, el padre se referirá a ella con voz grave y a la vez emocionada. Es altamente probable que derrame algunas lágrimas o deba interrumpir su discurso, generalmente improvisado. En ocasiones, las más de las veces, el padre se queda callado por razones etílicas siendo altamente probable que llegue utilice palabras altisonantes que enturbien la ceremonia y hagan las delicias de la concurrencia. A lo largo de su intervención, el padre le pedirá a la niña-mujer que siga siendo buena como hasta ahora, que no deje la escuela, que es “lo único que le van a dejar en la vida” y acto seguido agradecerá a la concurrencia por haberlos acompañado. No sospecha, o finge no hacerlo, que su hija ya ha sido objeto de un análisis profundo en materia de moda, modales y postura. Al ser el objeto de todas las miradas, a la quinceañera se le criticará que el vestido se vea demasiado artificial o que luzca demasiado apretado, además de que puede ser el blanco perfecto de chismes y burlas al sobrevenir algún error en la maroma reaggetonera, o al momento que sus chambelanes deben cargarla con esfuerzo (aunque esté de moda ser obeso no deja de ser de mal gusto).

Un brindis sella la ceremonia de presentación; todos levantan sus copas y desean larga vida a la quinceañera, apuran su trago y se disponen a cenar, pues nadie, a las once de la noche, después de haber oído misa y escuchar los ripios de un padre emocionado, perdona una deliciosa cena.

Tras los momentos de seriedad viene el festejo en serio. La fiesta debe ser amenizada de preferencia con un conjunto en vivo, que de cuando en cuando lanzará dianas a la festejada y organizará brindis al por mayor. Si no se cuentan con los recursos necesarios, un diyei puede hacerse cargo de la música, siempre que sepa organizar su acervo musical y no se “clave” en la música disco o en el pasito duranguense: la gente agradece la variedad, pero no aguanta salsas de media hora de duración. Debe evitarse la contratación de un músico que resume a una banda de doce integrantes en un teclado Yamaha: las trompetas de una cumbia o las tarolas de la música norteña saben a comida sin chile: es como comer en blanco y negro.

El menú de la cena desata discusiones. Los partidarios de las cremas, el spaghetti y las carnes en adobo atacan los experimentos de la alta cocina o las ganas de servir algo distinto, aunque rara vez, tirios y troyanos dejan los platos vacíos. Una mala cena puede disculparse, no así la carencia de bebidas alcohólicas. Si las botellas se reparten sin ton ni son, y sin distinguir razas o credos, la fiesta tiene garantizado el éxito; cuando el mesero se disculpa porque ya se acabaron las botellas de El Jimador, la tacañería o “pichicatez” de los anfitriones sale a relucir: la fiesta no tuvo ambiente.

Hay quienes consideran que las fiestas de quince años son una muestra fehaciente del mal gusto mexicano, como la música de Rigo Tovar, pero son pocos los que se niegan a asistir a una celebración de este tipo, de la misma forma en que cada vez que suenan las notas del Sirenito, el público se levanta presto de sus asientos, con el pretexto de “bajar” la cena.

Tras varias horas de baile y alcohol, la quinceañera, a pesar de su amplio vestido, desaparece por unos momentos. Su ausencia se explica porque si su padre ha dicho que ya es una mujer, no falta el vivo que decide pasar de la teoría a la práctica: busquen a la quinceañera en la zona más oscura o alejada del salón: está besándose apasionadamente con un chambelán o con alguno de sus compañeros de la escuela.

martes, enero 08, 2008

Detrás de tu rostro ruindad.

Cuando supo que podría montar a caballo y recorrer una extensa franja de playa casi virgen, Augusta Caramelo no dudó en sacar la tarjeta de crédito, pagar por adelantado varios días de estancia y ordenar un bloody mary, el primero de la mañana. Si bien durante su niñez ni siquiera montó un pony, cuando tuvo edad de decidir su destino y dio rienda suelta a sus talentos y oficios, pudo darse el lujo de pagar clases de equitación, aunque jamás tuvo corcel propio.
Tras acomodarse en la habitación y beberse el segundo bloody mary, Augusta fue a las cuadras para seleccionar el mejor ejemplar, pues ella estaba acostumbrada a lo mejor. Un atento palafrenero la acompañó de cerca, incomodando a Augusta porque no dejaba de mirarle las piernas y las nalgas. Los caballos no le parecieron tan hermosos ni espectaculares, como afirmaba el folleto que le habían dado en la recepción. Se fue a la alberca, donde pasó la mayor parte de la tarde, después comió alimentos bajos en grasas acompañados por un bloody mary doble y cuando el sol iniciaba su descenso en el horizonte, regresó a las cuadras y eligió un alazán. El palafrenero fisgón le dijo, antes de enfilar hacia la playa: “No se acerque al jinete que se aparece por ahí”. Augusta lo ignoró y, con destreza, llevó al caballo hacia la playa desierta, a paso lento, justo en el límite a donde llegaban las olas.

Se animó a cabalgar más a prisa, a pesar de que algunas gotas le salpicaban las piernas. La suave brisa alborotaba sus cabellos y ella se soñaba como la última amazona del mundo. El sol se iba ocultando, la marea crecía y algunas nubes negras se acercaban. Augusta recordó que en la televisión habían dicho que llovería ligeramente con posibilidad de tormenta. Augusta se vio a sí entrando al lobby del hotel completamente empapada y la idea le pareció repugnante. Antes de detener al alazán y volver a las cuadras del hotel, a lo lejos divisó a otro jinete que se le acercaba a toda velocidad. Debido a la distancia que los separaba, Augusta no alcanzaba a distinguir sus facciones, pero por la larga cabellera que se agitaba con el viento, supo que era una mujer. “Domina muy bien al caballo”, pensó y la sola idea de verse opacada la enfureció. Había pensado en irse a saborear otro bloody mary doble pero el deseo de demostrarle a esa advenediza quién era quién, era mayor que cualquier antojo. Augusta clavó los talones en las costillas al alazán, inclinó su cuerpo hacia las crines, y sin perder de vista al jinete que ya se aproximaba cada vez más, actuando el papel de una heroína medieval en pleno torneo, enfiló al caballo hacia el otro, hasta que los metros se convirtieron en centímetros y luego en milímetros y el choque terrible de dos animales desbocados no llegó jamás porque Augusta y su montura fueron a estrellarse contra una superficie plana, que al partirse en miles de pedazos, dejó al descubierto el engaño de la playa virgen: se trataba de un espejo muy largo, tanto que Augusta alcanzó a ver como aparecía la mitad verdadera del sol, que ya estaba por enfriarse bajo el mar. Sin espejo de por medio, apareció una playa desolada y sucia, llena de huesos y basura. Algunos pescadores corrían hacia a Augusta, para ver si estaba bien, si necesitaba auxilio. Antes de exponerse al contacto con esas personas sudorosas y malolientes, Augusta se subió al alazán que sangraba profusamente del hocico. Regresó lo más rápido que pudo al hotel. Ya había anochecido y una ligera llovizna comenzó a caer. El palafrenero ya no estaba y Agusta metió al caballo a la cuadra. Subió a su habitación, tomó sus cosas, canceló la reservación y se marchó del hotel.

Hacia las diez de la noche se registró en un hotal más barato que el otro, aunque no por eso menos lujoso y complaciente con los huéspedes, al grado de que entre dos cargadores sacaron del cuarto de Augusta la cómoda con espejo, mientras una recamarera colgaba una frazada en la luna del baño.

Además, mientras degustaba a toda prisa un bloody mary cargado en exceso, se deshizo de su espejo de bolsillo: podía soportar panoramas horrendos y desolados pero no quería descubrir detrás de un cristal fragmentado, el recuerdo de su vida pasada, tan terrible como inolvidable.

lunes, enero 07, 2008

En la tierra como en el cielo (otro cuento de "Las vacaciones extraordinarias de Augusta Caramelo")


Certero y veloz como una flecha, el clavadista apenas agitó el agua. Tras unos segundos, el joven regresó al trampolín para seguir practicando. Del otro lado de la alberca, Augusta Caramelo bebía un bloody mary, y se preguntaba si ella sería capaz de contorsionar el cuerpo en el aire y acomodarse para no caer de panzazo. El seseo de las olas se apreciaba a lo lejos, la tarde se consumía y ya no hacía tanto calor. El clavadista volvió al trampolín, tomó más altura e impecablemente entró al agua. Augusta bebía con cadencia el bloody mary. El siguiente clavado la sorprendió porque el joven alcanzó una altura semejante a la del hotel, que contaba con quince pisos. “¿Se te subió el vodka?”, se preguntó, pero al tercer clavado el joven comenzó a dar vueltas en el aire, elevándose cada vez más, superando el hotel. Augusta, con el vaso de bloody mary pegado a los labios, no perdía de vista el punto negro que le recordó los globos extraviados en el cielo. La bebida se le terminó igual que la paciencia para aguardar el regreso del clavadista, cuya silueta era imposible distinguir a la luz del crepúsculo. Augusta regresó a su habitación y se durmió.


A la mañana siguiente, armada con un nuevo bloody mary, regresó a la alberca y se acostó en el mismo camastro. Notó que a diferencia de la tarde anterior, la alberca estaba llena de niños, que chapaleaban dando brazadas desiguales. Cuando terminó de untarse el bronceador, Augusta miró hacia el cielo. Distinguió la silueta que ya regresaba para cumplir su meta, descendía despacio, o al menos así lo notaba ella, que se preguntaba si por la caída, el joven podría controlar la velocidad y la postura. Los niños empezaron a jugar a la ronda acuática. Cuando ya se apreciaba la marca del traje de baño del clavadista, una voz anónima gritó al descubrir que un bulto descendía a toda velocidad. Los niños, paralizados al observar al hombre que giraba, sólo atinaron a extender el círculo de la ronda, lo que permitió al clavadista corregir la postura y penetró en el agua sin mayores problemas. Los bañistas aplaudieron la temeridad de aquel hombre, quien, segundos después, salió de la piscina y se marchó.


Augusta Caramelo se bebió de un sorbo el bloody mary, y caminó hacia su habitación. Empacó sus cosas, canceló su reservación y se fue a otro hotel, que se distinguía del resto por contar con albercas techadas y sin trampolines.

domingo, enero 06, 2008

Rumor de olas que se van


Cubierta por una sombrilla de plástico, Augusta Caramelo observaba a las personas que habían convertido la plácida vista de la bahía en un telón de retazos multicolores, pelotas playeras, trajes de baño y toallas. En vez de escuchar el suave seseo de las olas, Augusta soportaba la férrea competencia de un centenar de grabadoras que emitían reggaeton, bachatas y cumbias. La playa se había convertido en una extensión de la cantina o de algún salón de fiestas.


Arrepentida por haber salido en temporada alta, Augusta Caramelo reflexionaba, mientras bebía un bloody mary: “Sólo a mi se me ocurre venir a la playa en estas fechas. El agua está llena de aceite, el aeropuerto a reventar. Ningún espacio es mínimo para el populacho…”

Se disponía a elaborar una teoría del espacio en el transporte colectivo, pero el alarido de la masa sorprendida la hizo mirar otra vez el mar. Una inmensa ola se elevaba majestuosa, mantuvo el equilibrio unos segundos, el tiempo necesario para cubrir con una sombra oscura a la arena y a la gente, quien, paralizada, no atinaba a salir corriendo, sacar una fotografía del aquel muro de agua o hincarse ante la fuerza del océano.

La ola se derrumbó sobre la playa, y arrastró hacia el agua grabadoras, sombrillas, hombres, mujeres y niños. Paralizada, Augusta Caramelo sostenía su vaso de bloody mary, muy cerca de sus labios. La tranquilidad volvió a la bahía. El cielo se hizo más azul. Se percibía con claridad el oleaje y el arrastre de la arena. Un grupo de gaviotas planeó sobre la playa deshecha; el mar se volvió cristalino, desaparecieron las capas de orines y sudor y, cuando parecía que brotarían nuevas palmeras, cientos de brazos se agitaron sobre el agua, al tiempo que las lanchas salvavidas aceleraban para sacar del agua a los bañistas que ya se ahogaban.

“Salud”, le dijo Augusta Caramelo al mar, bebiéndose de un trago el bloody mary. Se puso el pareo, tomó su abultada bolsa y caminó hacia su hotel donde canceló la reservación, pagó lo que debía y se fue a buscar una playa exclusiva, para no atestiguar el grotesco espectáculo de la masa que ya se agrupaba de nuevo, tendía las toallas sobre la arena y extendía su monótono rumor por todos los rincones de la costa.